martes, 18 de marzo de 2008

Pure Joy


El pasado viernes 14 de marzo pude por fin ver en la sala Joy de Madrid a un grupo que llevo escuchando desde hace años: Saint Etienne.
Recuerdo que, hace ya muchos años, vi en una tienda de dicos un cassette de portada totalmente indie que me llamó la atención: una foto en blanco y negro, que recordaba las portadas de los álbumes de los Smiths, en la que se veía una niña, desaliñada, posando ante la cámara como lo haría una estrella mediática. Sin embargo, lo qué más me sorprendió, después de decubrir que se trataba de un grupo británico, con lo británicos que son los británicos, fue que incluyeran un tema llamado Conchita Martínez. "¿Esto qué coño es?," pensé."¿Un trío chico-chica-chico inglés, con nombre de equipo de fútbol francés que escoge a una tenista española para dar título a una canción? Hay que oírlo." Así lo hice y me bastaron unos segundos para decidirme a comprar So tough. Aquello tenía canciones que olían a clásico, era puro pop.
Desde entonces me convertí en talifán de Bob Stanley, Pete Wiggs y, sobre todo, de esa materialización de la exquisitez que es Sarah Cracknell. Nunca se han acomodado, les han dado a todos los palos, desde la electrónica más experiemental al house más playero; se han atrevido con versiones de Neil Young o de la mismísima Massiel; y todo les ha salido a los jodíos redondo, con su actitud cool, casi flemática, pretendidamente banal, sin que se les mueva un pelo.
Y allí estaban el viernes por la tarde, en el escenario de la discoteca Joy, una sala un tanto pequeña y con cierto punto cutrón, sesentón, de olor a escay y terciopelo descolorido. El sitio perfecto. Los dos tercios masculinos del trío, así como el resto de músicos que los acompañaba, habían dado un paso atrás y cedido focos y protagonismo a la cantante, que derrochaba voz, actitud y simpatía ante una audiencia entregada - claro, que la mayoría eran, como yo, talifanes, y la Cracknell ya podría haber rociado al respetable con gasolina, que el ambiente no habría decaído lo más mínimo. Así que este post, pese a lo que pudiese parecer, no pretende ser una crítica del concierto - me es imposible ser objetivo - sino sólo el resguardo digital de mi presencia en el evento y la aserción de que, a pesar de que llegamos tarde y de que te arreaban 5€ por cada Heineken, disfruté, como la mayoría de los que allí estábamos, de ver y oír en directo a esa delicia que se llama Saint Etienne. Pues eso, pure joy.


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1 comentario:

Alan-h dijo...

Que bien escribes jodío!

Eso si, el nuevo diseño... en fin... sobre gustos....

Por cierto, como sabes que estaba deseando ver escrito el nombre del grupo para buscarlo en youtube, antes de leer la columna, he ido, como mariquilla la fantástica a buscar: "Pure Joy". Evidentemente, el resultado ha sido un tanto extraño.

Tu hijo que te quiere, :D