lunes 11 de abril de 2011

Wordle

Curioso esto de Wordle: crear un nube con las palabras que aparecen en un blog... El orden es aleatorio y a veces, casualmente aparecen combinaciones de términos cuanto menos chocantes: "¡Ah, hormonas primavera!", "transforma, revienta", "información quizás significa comunicación", "ordenador hermoso hundido"...

Wordle: y sobre todo nada

viernes 16 de mayo de 2008

Locus amoenus


¡Ah, la primavera! !Qué hermoso tópico! ¡Cuánta razón tenían Wordsworth y Garcilaso! La naturaleza revienta - cada vez, eso sí, con menos brío -, y no hay nada comparable. Ni el más bello edificio de Ghery, ni los fuegos artificiales más caros, ni el mejor de los efectos digitales pueden asombrar tanto como como un bosque - un parque, incluso - recién llovido, oreándose, como un bañista, bajo los rayos de sol que, impacientes, arañan la tierra tras una tormenta. Las hojas de los árboles repasan sucesivas coreografías; el suelo bulle, cuajado de lombrices; los nidos de orugas colgados de las copas de los pinos, como entes invasores venidos de otros mundos, se abren y comienza un goteo de insectos largos y pilosos; surgen briznas de hierba de entre las grietas del pavimento y la madera quemada reverdece con brotes nuevos. El aire se limpia restaurando detalles del paisaje ocultos durante casi todo el año por el efecto moiré de la polución. Y todo empieza a oler: los estambres, los pistilos y los pétalos; la mierda mojada; el rastro de los rebaños, las veredas y las fuentes; el agua de lluvia - antes, durante y después de llover - y el agua de los charcos.
Es una delicia: si uno se abandona a esta avalancha de estímulos, se sienta frente al sol y entorna los ojos, por momentos se diluyen las hipotecas y las deudas, el trabajo, los plazos, las fechas, los gritos, los lunes...
El campo en primavera: mucho más efectivo que el Orfidal©: garantizado.

viernes 25 de abril de 2008

Lo que yo diga, y punto


Para quien no lo sepa: trabajo en un centro TIC.
Para quien no lo sepa: las siglas TIC significan Tecnologías de la Información y la Comunicación.
Par ser más claros: los centros TIC serían centros educativos públicos en donde habría un ordenador por cada dos alumnos y donde la gestión docente estaría informatizada: desde los departamentos a las tutorías (cito a Pancho López y María Ferragudo de
rebelion.org ).
Lo primero que uno se encuentra al llegar a mi centro de trabajo es un peazo de placa bien pegada al muro que informa a visitantes y usuarios que se encuentran frente a una suerte de stargate que les dará acceso a un espacio TIC: ¡Atención! Está usted a punto de dejar atrás el barrio polvoriento, de bloques achicharrados en mitad de la solana, plagado de vecinas en pijama, para introducirse en un medio en el que tendrá acceso garantizado a las autopistas digitales de la información - sí, la idea es reproducir el ambiente de un anuncio de Orange, ya sabéis, el de (si vas aflojando la pasta) "tienes derecho a internet".
Sin embargo, las TICs que tan alegremente pregona el cartel de la entrada se reducen a un par de carritos con ordenadores portátiles que se guardan celosamente en unos cuartitos trasteros ubicados al principio de los pasillos de cada una de las dos plantas. En fin, no es lo que uno espera, pero, es lo que hay. Así que vamos a usarlo, siguiendo, por supuesto, las directrices de la administración educativa, que anima con vehemencia al profesorado a incluir las nuevas tecnologías en el día a día de su práctica docente - sugerencia, por otra parte, con la que no puedo estar más de acuerdo.

Pues bien, resulta que es el secretario del centro el que guarda con celo admirable las llaves de los trasteros antes citados y es él el encargado de abrirlos y de llevar los carritos a las aulas donde han sido solicitados. En otros institutos estos menesteres corren a cargo de los conserjes, pero aquí da la impresión de que ni ordenanzas ni profesores estamos capacitados para tan delicada tarea. O quizá creen que los vamos a robar, no sé.

El protocolo es el siguiente: con la debida antelación, el profesor apunta en un cuadrante diseñado a tal efecto cuándo y para qué grupo necesitará los equipos informáticos y el señor secretario va y se los sube, claro está, siempre que este señor pueda y/o quiera (esta segunda posibilidad me ha quedado hoy definitivamente clara). Por tanto, el acceso a las TICs queda supeditado a la disponibilidad y/o voluntad de una persona.

Chungo, ¿no?

Cuento la anécdota de hoy en un plis para no aburrir. Tenía reservados los ordenadores desde hacía más de una semana para usarlos hoy a quinta hora con un 1º de la ESO. Me he retrasado cinco minutos porque he tenido que satisfacer una necesidad fisiológica imperiosa. Cuando he subido, el señor secretario se encontraba aún dentro del cuarto donde se guardan los carritos y, cuál ha sido mi sorpresa cuando, tras saludarlo e indicarle la clase adonde iba, me responde que he llegado tarde, que lleva un rato esperando y que me quedo sin ordenadores. O sea, que sus santos cojones (perdonad el registro) nos han dejado a mí y a un grupo de alumnos sin acceso a las TICs. El tío se ha dado media vuelta y se ha ido tan tranquilo. Lo más increíble es que ha hecho esto delante de todos los alumnos, tres profesores más y la mismísima jefa de estudios, que ha contemplado la escena sin pestañear - un poco incómoda se la veía, eso sí - y ante las atónitas miradas de los que nos encontrábamos allí. Los chavales, viéndose sin ordenadores, han despedido a don Corleone con su habitual finura (¡Calvo, cabrón, danos los ordenadores!¡Maestro, pégale una hostia!), pero don Vito ha hecho caso omiso (y, para colmo, me he visto en la obligación moral de reprender a los chicos por ponerse a vocear así).

Si alguno de vosotros trabaja en un centro TIC, agradecería que, por favor, me aclarara algunas dudas:

¿Son los ordenadores de un centro educativo propiedad del equipo directivo o de alguno de sus miembros?

¿Es el derecho de acceso a las TICs directamente proporcional a la cantidad de tiempo que hay que dedicar a lamerle el culo a los que te proporcionan tal acceso?

¿Alguien podría decirme, ¡por Dios!, si esto es normal?



miércoles 16 de abril de 2008

Colgando de una cuerda atada a una viga...


Llevo (casi) una semana tocado del estómago - tocado y hundido a ratos - y forzado, por tanto, a desatender mis obligaciones laborales (he faltado tres días a clase). Cierto es que descansar unos días del vendaval de hormonas en el que se transforma el instituto a estas alturas de curso supone un soplo de aire fresco hasta para el más festivalero - en fin, quizás, en mi centro, los perpetuos guirigayes en la ESO desluzcan un poco el cambio estacional que, en realidad, no es tan palpable. Al lío. Decía que estar de baja sería agradable si no fuera porque el motivo por el que mayoritariamente se da uno de baja es estar enfermo:

while(!estar_enfermo && estar_de_baja){
document.write("YUPI");
} *
Andar con las tripas revueltas, vomitando y/o con retortijones deprime tanto a parados como a asalariados: el dolor físico te impide realizar quehaceres de índole intelectual que impliquen leer más de un párrafo seguido; el encierro forzoso en el hogar provoca hastío, desidia y, si se prolonga, algo que no sé si tiene nombre y que estaría a medio camino entre la depresión y la autocomplacencia. En este estado y si no se es muy aficionado a actividades pretecnológicas, ¿qué mejor cosa que hacer que verse una peliculilla? Control, el biopic - como les llaman ahora a las películas biográficas - de Ian Curtis, dirigido por Anton Corbijn, un fotógrafo y realizador de vídeos musicales del que (he de confesarlo) no había oído hablar. Y no es que sea Michel Gondry, pero le ha quedado un filme (mucho) más que decente.
Ian Curtis, para quien no lo sepa, era cantante, letrista y alma de una banda punk(?) de finales de los setenta: Joy Division - al que ni le suene, le recomiendo dejar de leer, hacer click en el link y no morirse sin haberlos escuchado. El legado, lírico y musical, y la propia figura de Curtis se vieron magnificados tras su suicidio (se ahorcó en la cocina de su casa).

while(cantar_en_un_grupo&& suicidarse){
document.write("LEYENDA");
}
Oí por primera vez a Joy Division cuando tenía, a lo sumo, trece años (Curtis llevaba ya muerto un tiempo) y fueron, no me cabe duda, la primera banda que me afectó realmente, más allá de lo estrictamente musical. En aquella época pre-digital, la información paramusical circulaba en revistas especializadas, fanzines y, sobre todo, a través del boca a boca. La leyenda en torno a la muerte de Curtis, descontextualizada entre seguidores de latitudes lejanas a su natal Old Trafford, ganaba en romanticismo. Yo, fan absoluto de Joy Division en esta época - llegué a coser un parche con la portada de Unknown pleasures a una cartera de piel - hilvanaba en mi cabeza datos, sensaciones e hipótesis sobre la banda, su líder y su temprana muerte, que iban dando forma al mito. Veía en Curtis a un personaje atormentado por cuestiones existenciales tan profundas que escapaban a mi compresión.
La película ha venido a diluir la quimera. En ella, Ian Curtis aparece como lo que realmente debió de ser: un postadolescente del norte de la Inglaterra de mediados de los setenta, aficionado al rock y a las drogas, que se casa joven, tiene un hijo, conoce el éxito y a otra mujer. En la película, su depresión parece estar ligada básicamente a su incapacidad para elegir entre dos mujeres (o entre dos tipos de vida), así como el agotamiento físico y mental que le suponían los directos y la banda en general.
Recomiendo a todos la película que tiene muchos aciertos : la austeridad del blanco y negro, el trabajo de los actores principales (brillante Samantha Morton), la banda sonora, el guión y la perfecta ambientación. Sin embargo, a mí me produjo cierto desasosiego por las razones arriba expuestas: se desmontó otro mito - uno más.

*Agradecimientos a Juan Ángel por su simpática sugerencia sintáctica para la chorradita del código (mucho mejor que el que yo escribí inicialmente, en serio). Gracias YIYI

sábado 22 de marzo de 2008

Ganga


Avistado la pasada madrugá en una céntrica plaza de la capital. Menudo chollazo.

martes 18 de marzo de 2008

Pure Joy


El pasado viernes 14 de marzo pude por fin ver en la sala Joy de Madrid a un grupo que llevo escuchando desde hace años: Saint Etienne.
Recuerdo que, hace ya muchos años, vi en una tienda de dicos un cassette de portada totalmente indie que me llamó la atención: una foto en blanco y negro, que recordaba las portadas de los álbumes de los Smiths, en la que se veía una niña, desaliñada, posando ante la cámara como lo haría una estrella mediática. Sin embargo, lo qué más me sorprendió, después de decubrir que se trataba de un grupo británico, con lo británicos que son los británicos, fue que incluyeran un tema llamado Conchita Martínez. "¿Esto qué coño es?," pensé."¿Un trío chico-chica-chico inglés, con nombre de equipo de fútbol francés que escoge a una tenista española para dar título a una canción? Hay que oírlo." Así lo hice y me bastaron unos segundos para decidirme a comprar So tough. Aquello tenía canciones que olían a clásico, era puro pop.
Desde entonces me convertí en talifán de Bob Stanley, Pete Wiggs y, sobre todo, de esa materialización de la exquisitez que es Sarah Cracknell. Nunca se han acomodado, les han dado a todos los palos, desde la electrónica más experiemental al house más playero; se han atrevido con versiones de Neil Young o de la mismísima Massiel; y todo les ha salido a los jodíos redondo, con su actitud cool, casi flemática, pretendidamente banal, sin que se les mueva un pelo.
Y allí estaban el viernes por la tarde, en el escenario de la discoteca Joy, una sala un tanto pequeña y con cierto punto cutrón, sesentón, de olor a escay y terciopelo descolorido. El sitio perfecto. Los dos tercios masculinos del trío, así como el resto de músicos que los acompañaba, habían dado un paso atrás y cedido focos y protagonismo a la cantante, que derrochaba voz, actitud y simpatía ante una audiencia entregada - claro, que la mayoría eran, como yo, talifanes, y la Cracknell ya podría haber rociado al respetable con gasolina, que el ambiente no habría decaído lo más mínimo. Así que este post, pese a lo que pudiese parecer, no pretende ser una crítica del concierto - me es imposible ser objetivo - sino sólo el resguardo digital de mi presencia en el evento y la aserción de que, a pesar de que llegamos tarde y de que te arreaban 5€ por cada Heineken, disfruté, como la mayoría de los que allí estábamos, de ver y oír en directo a esa delicia que se llama Saint Etienne. Pues eso, pure joy.


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sábado 8 de marzo de 2008

Autoayuda


He escogido esta ilustración de Maira Kalman (la de arriba) como lema al que agarrarse cuando las cosas van mal. La referencia a la Segunda Guerra Mundial me ha recordado esa maravilla de cómic que es Maus, de Art Spiegelman (abajo), y me ha hecho ver, así mismo, que cualquier problema resulta una nimiedad comparado con, pongamos, un conflicto bélico. Así que a coger aire y a tirar para adelante.

viernes 7 de marzo de 2008

Sonrisas y lágrimas


Esta mañana, con motivo del día de la mujer trabajadora, se ha organizado un acto en el instituto donde trabajo. Tristemente, lo que más ha preocupado a la directiva no ha sido el acto en sí, sino el hecho de que la delegada provincial de educación estaba invitada. La representación, un proyecto programado tiempo atrás, había sido organizada por una compañera, que invirtió bastante tiempo y esfuerzo en ella. Tras ser confirmada la presencia de la representante de la administración educativa, mi compañera fue automáticamente apartada del proyecto - no oficialmente, claro, pero nadie contó con ella para ultimar los preparativos del evento. En un par de palabras: la ningunearon. A última hora, sin embargo, han tenido la decencia de invitarla a participar.
Mi centro está ubicado en una zona deprimida y el alumnado es altamente conflictivo. Me preguntaba que cómo se las apañarían para mantener a raya durante un acto tan protocolario a un buen grupo de chavales que están acostumbrados a cagarse en tu padre sin que se les menee un pelo del flequillo. La solución por la que se ha optado ha sido radical: los han escondido. Cuando he llegado, el instituto parecía un convento; por un momento tuve la impresión de haberme equivocado de centro, pero al instante me di cuenta de lo que estaba pasando. Subí al primer piso, donde están ubicadas las aulas de la ESO, y vi al conserje más veterano patrullando pasillo arriba y abajo. Este señor, junto con la cocinera, son las personas más respetadas en el instituto. Al preguntarle, me informó de que tenía instrucciones claras de ejercer de guardia civil mientras la delegada permaneciera en el recinto y de no dejar bajar las escaleras a nadie - gitano o payo - menor de 16 años. Confiaba, me dijo, en que la representación y los discursos hubiesen acabado para la hora del recreo, porque iba a resultar muy difícil esconder a los niños durante su media hora de esparcimiento. Pero no hubo problema. Los tiempos estaban muy bien calculados y, diez minutos antes de que tocara el timbre de salida, la delegada ya se había marchado, previo posado ante las cámaras de los medios de comunicación convocados. La señora, que, presumo, deber ser conocedora de la realidad social del centro que había visitado, tuvo que salir con la impresión de haber estado de visita en casa de la familia Trapp. Y durante el recreo todo volvió a su ser: gritos, carreras, patadas, escupitajos, insultos y demás atrezzo al que estamos acostumbrados aquí.
Y a continuación, he empezado mi jornada laboral: he separado en más de tres ocasiones a críos que se peleaban, me han tirado algún trozo de borrador, he tirado algún trozo de borrador, he aguantado voces, han aguantado las mías, he puesto partes, me he quedado esperando los ordenadores que tenía reservados hacía una semana porque al señor secretario no le ha parecido oportuno acercármelos a clase ni, por supuesto, dejarme las llaves para que los cogiera yo mismo; he ido, he venido, no he enseñado, no han aprendido y así ha acabado la semana... Y unas horas antes, la delegada y los periodistas locales salían del centro sonrientes y satisfechos, saludando a Julie Andrews y a todos los von Trapp que la despedían desde el porche, sonrientes también, con una canción.


jueves 24 de enero de 2008

To guapo

VHS, hombreras, Teruel, este blog... el abandono. A la indolencia endémica del que esto escribe (una constante) se ha sumado esta vez una variable: la acumulación de quehaceres académicos (que no escolares).
Jincho-high-school sigue tres cuartas de lo mismo: hay días tranquilos (los menos) en los que la parroquia parece estar entumecida, pero los días en los que mis chonis y mis santas vienen bien puestos de reaggeton y tuning, el caos se desata en el centro con la virulencia de un herpes. Anécdotas sigue habiéndolas a sienes - desde un par de criaturicas ostentando sus recién estrenadas erecciones ante a una profesora, hasta una mamá rabiosa que, en pijama, deportivas y, claro está, sin sostén, vino a recordarnos a todos los docentes lo hijoputas que éramos -, pero el objetivo de este post es compartir con quienes lleguéis aquí esta joya de vídeo de producciones toguapo, especializados en el mundo choni. Y es que este medley de retrato costumbrista y videoclip refleja con bastante fidelidad y mucha alegría el segmento social del que procede gran parte de los matriculados en el insti. El montaje, todo hay que decirlo, es cutre, cutre, pero hay que reconocerles a estos chicos de toguapo una gran perspicacia a la hora de captar claves socioculturales, mucha agudeza y mucha gracia para transmitirlas y aún más soltura lírica cuando se ponen a reinterpretar canciones: la lectura que hacen de "Gasolina" de Daddy yankee es para troncharse (lo mejor: la segunda mitad; atención a la rima lávate er papo...)

sábado 1 de diciembre de 2007

1968

Me resulta increíble descubrir que hace tanto tiempo alguien consiguiera hacer en España canciones así. Mientras el gran público disfrutaba con Marisol, el sol de la costa oeste norteamericana iluminaba un sótano de Barcelona, forjando con su calor esta delicia pop, a medio camino entre el folk y la psicodelia más dulce. Seguro que reconocéis esa voz... y ese acento.