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viernes, 16 de mayo de 2008
Locus amoenus
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viernes, 25 de abril de 2008
Lo que yo diga, y punto

Para quien no lo sepa: las siglas TIC significan Tecnologías de la Información y la Comunicación.
Par ser más claros: los centros TIC serían centros educativos públicos en donde habría un ordenador por cada dos alumnos y donde la gestión docente estaría informatizada: desde los departamentos a las tutorías (cito a Pancho López y María Ferragudo de rebelion.org ).
Lo primero que uno se encuentra al llegar a mi centro de trabajo es un peazo de placa bien pegada al muro que informa a visitantes y usuarios que se encuentran frente a una suerte de stargate que les dará acceso a un espacio TIC: ¡Atención! Está usted a punto de dejar atrás el barrio polvoriento, de bloques achicharrados en mitad de la solana, plagado de vecinas en pijama, para introducirse en un medio en el que tendrá acceso garantizado a las autopistas digitales de la información - sí, la idea es reproducir el ambiente de un anuncio de Orange, ya sabéis, el de (si vas aflojando la pasta) "tienes derecho a internet".
Sin embargo, las TICs que tan alegremente pregona el cartel de la entrada se reducen a un par de carritos con ordenadores portátiles que se guardan celosamente en unos cuartitos trasteros ubicados al principio de los pasillos de cada una de las dos plantas. En fin, no es lo que uno espera, pero, es lo que hay. Así que vamos a usarlo, siguiendo, por supuesto, las directrices de la administración educativa, que anima con vehemencia al profesorado a incluir las nuevas tecnologías en el día a día de su práctica docente - sugerencia, por otra parte, con la que no puedo estar más de acuerdo.
miércoles, 16 de abril de 2008
Colgando de una cuerda atada a una viga...

Llevo (casi) una semana tocado del estómago - tocado y hundido a ratos - y forzado, por tanto, a desatender mis obligaciones laborales (he faltado tres días a clase). Cierto es que descansar unos días del vendaval de hormonas en el que se transforma el instituto a estas alturas de curso supone un soplo de aire fresco hasta para el más festivalero - en fin, quizás, en mi centro, los perpetuos guirigayes en la ESO desluzcan un poco el cambio estacional que, en realidad, no es tan palpable. Al lío. Decía que estar de baja sería agradable si no fuera porque el motivo por el que mayoritariamente se da uno de baja es estar enfermo:
while(!estar_enfermo && estar_de_baja){
document.write("YUPI");
} *
Andar con las tripas revueltas, vomitando y/o con retortijones deprime tanto a parados como a asalariados: el dolor físico te impide realizar quehaceres de índole intelectual que impliquen leer más de un párrafo seguido; el encierro forzoso en el hogar provoca hastío, desidia y, si se prolonga, algo que no sé si tiene nombre y que estaría a medio camino entre la depresión y la autocomplacencia. En este estado y si no se es muy aficionado a actividades pretecnológicas, ¿qué mejor cosa que hacer que verse una peliculilla? Control, el biopic - como les llaman ahora a las películas biográficas - de Ian Curtis, dirigido por Anton Corbijn, un fotógrafo y realizador de vídeos musicales del que (he de confesarlo) no había oído hablar. Y no es que sea Michel Gondry, pero le ha quedado un filme (mucho) más que decente.
Ian Curtis, para quien no lo sepa, era cantante, letrista y alma de una banda punk(?) de finales de los setenta: Joy Division - al que ni le suene, le recomiendo dejar de leer, hacer click en el link y no morirse sin haberlos escuchado. El legado, lírico y musical, y la propia figura de Curtis se vieron magnificados tras su suicidio (se ahorcó en la cocina de su casa).
while(cantar_en_un_grupo&& suicidarse){
document.write("LEYENDA");
}
Oí por primera vez a Joy Division cuando tenía, a lo sumo, trece años (Curtis llevaba ya muerto un tiempo) y fueron, no me cabe duda, la primera banda que me afectó realmente, más allá de lo estrictamente musical. En aquella época pre-digital, la información paramusical circulaba en revistas especializadas, fanzines y, sobre todo, a través del boca a boca. La leyenda en torno a la muerte de Curtis, descontextualizada entre seguidores de latitudes lejanas a su natal Old Trafford, ganaba en romanticismo. Yo, fan absoluto de Joy Division en esta época - llegué a coser un parche con la portada de Unknown pleasures a una cartera de piel - hilvanaba en mi cabeza datos, sensaciones e hipótesis sobre la banda, su líder y su temprana muerte, que iban dando forma al mito. Veía en Curtis a un personaje atormentado por cuestiones existenciales tan profundas que escapaban a mi compresión.
La película ha venido a diluir la quimera. En ella, Ian Curtis aparece como lo que realmente debió de ser: un postadolescente del norte de la Inglaterra de mediados de los setenta, aficionado al rock y a las drogas, que se casa joven, tiene un hijo, conoce el éxito y a otra mujer. En la película, su depresión parece estar ligada básicamente a su incapacidad para elegir entre dos mujeres (o entre dos tipos de vida), así como el agotamiento físico y mental que le suponían los directos y la banda en general.
Recomiendo a todos la película que tiene muchos aciertos : la austeridad del blanco y negro, el trabajo de los actores principales (brillante Samantha Morton), la banda sonora, el guión y la perfecta ambientación. Sin embargo, a mí me produjo cierto desasosiego por las razones arriba expuestas: se desmontó otro mito - uno más.
*Agradecimientos a Juan Ángel por su simpática sugerencia sintáctica para la chorradita del código (mucho mejor que el que yo escribí inicialmente, en serio). Gracias YIYI
sábado, 22 de marzo de 2008
martes, 18 de marzo de 2008
Pure Joy

Recuerdo que, hace ya muchos años, vi en una tienda de dicos un cassette de portada totalmente indie que me llamó la atención: una foto en blanco y negro, que recordaba las portadas de los álbumes de los Smiths, en la que se veía una niña, desaliñada, posando ante la cámara como lo haría una estrella mediática. Sin embargo, lo qué más me sorprendió, después de decubrir que se trataba de un grupo británico, con lo británicos que son los británicos, fue que incluyeran un tema llamado Conchita Martínez. "¿Esto qué coño es?," pensé."¿Un trío chico-chica-chico inglés, con nombre de equipo de fútbol francés que escoge a una tenista española para dar título a una canción? Hay que oírlo." Así lo hice y me bastaron unos segundos para decidirme a comprar So tough. Aquello tenía canciones que olían a clásico, era puro pop.
Desde entonces me convertí en talifán de Bob Stanley, Pete Wiggs y, sobre todo, de esa materialización de la exquisitez que es Sarah Cracknell. Nunca se han acomodado, les han dado a todos los palos, desde la electrónica más experiemental al house más playero; se han atrevido con versiones de Neil Young o de la mismísima Massiel; y todo les ha salido a los jodíos redondo, con su actitud cool, casi flemática, pretendidamente banal, sin que se les mueva un pelo.
Y allí estaban el viernes por la tarde, en el escenario de la discoteca Joy, una sala un tanto pequeña y con cierto punto cutrón, sesentón, de olor a escay y terciopelo descolorido. El sitio perfecto. Los dos tercios masculinos del trío, así como el resto de músicos que los acompañaba, habían dado un paso atrás y cedido focos y protagonismo a la cantante, que derrochaba voz, actitud y simpatía ante una audiencia entregada - claro, que la mayoría eran, como yo, talifanes, y la Cracknell ya podría haber rociado al respetable con gasolina, que el ambiente no habría decaído lo más mínimo. Así que este post, pese a lo que pudiese parecer, no pretende ser una crítica del concierto - me es imposible ser objetivo - sino sólo el resguardo digital de mi presencia en el evento y la aserción de que, a pesar de que llegamos tarde y de que te arreaban 5€ por cada Heineken, disfruté, como la mayoría de los que allí estábamos, de ver y oír en directo a esa delicia que se llama Saint Etienne. Pues eso, pure joy.
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sábado, 8 de marzo de 2008
Autoayuda

He escogido esta ilustración de Maira Kalman (la de arriba) como lema al que agarrarse cuando las cosas van mal. La referencia a la Segunda Guerra Mundial me ha recordado esa maravilla de cómic que es Maus, de Art Spiegelman (abajo), y me ha hecho ver, así mismo, que cualquier problema resulta una nimiedad comparado con, pongamos, un conflicto bélico. Así que a coger aire y a tirar para adelante.

viernes, 7 de marzo de 2008
Sonrisas y lágrimas

Esta mañana, con motivo del día de la mujer trabajadora, se ha organizado un acto en el instituto donde trabajo. Tristemente, lo que más ha preocupado a la directiva no ha sido el acto en sí, sino el hecho de que la delegada provincial de educación estaba invitada. La representación, un proyecto programado tiempo atrás, había sido organizada por una compañera, que invirtió bastante tiempo y esfuerzo en ella. Tras ser confirmada la presencia de la representante de la administración educativa, mi compañera fue automáticamente apartada del proyecto - no oficialmente, claro, pero nadie contó con ella para ultimar los preparativos del evento. En un par de palabras: la ningunearon. A última hora, sin embargo, han tenido la decencia de invitarla a participar.
Mi centro está ubicado en una zona deprimida y el alumnado es altamente conflictivo. Me preguntaba que cómo se las apañarían para mantener a raya durante un acto tan protocolario a un buen grupo de chavales que están acostumbrados a cagarse en tu padre sin que se les menee un pelo del flequillo. La solución por la que se ha optado ha sido radical: los han escondido. Cuando he llegado, el instituto parecía un convento; por un momento tuve la impresión de haberme equivocado de centro, pero al instante me di cuenta de lo que estaba pasando. Subí al primer piso, donde están ubicadas las aulas de la ESO, y vi al conserje más veterano patrullando pasillo arriba y abajo. Este señor, junto con la cocinera, son las personas más respetadas en el instituto. Al preguntarle, me informó de que tenía instrucciones claras de ejercer de guardia civil mientras la delegada permaneciera en el recinto y de no dejar bajar las escaleras a nadie - gitano o payo - menor de 16 años. Confiaba, me dijo, en que la representación y los discursos hubiesen acabado para la hora del recreo, porque iba a resultar muy difícil esconder a los niños durante su media hora de esparcimiento. Pero no hubo problema. Los tiempos estaban muy bien calculados y, diez minutos antes de que tocara el timbre de salida, la delegada ya se había marchado, previo posado ante las cámaras de los medios de comunicación convocados. La señora, que, presumo, deber ser conocedora de la realidad social del centro que había visitado, tuvo que salir con la impresión de haber estado de visita en casa de la familia Trapp. Y durante el recreo todo volvió a su ser: gritos, carreras, patadas, escupitajos, insultos y demás atrezzo al que estamos acostumbrados aquí.
Y a continuación, he empezado mi jornada laboral: he separado en más de tres ocasiones a críos que se peleaban, me han tirado algún trozo de borrador, he tirado algún trozo de borrador, he aguantado voces, han aguantado las mías, he puesto partes, me he quedado esperando los ordenadores que tenía reservados hacía una semana porque al señor secretario no le ha parecido oportuno acercármelos a clase ni, por supuesto, dejarme las llaves para que los cogiera yo mismo; he ido, he venido, no he enseñado, no han aprendido y así ha acabado la semana... Y unas horas antes, la delegada y los periodistas locales salían del centro sonrientes y satisfechos, saludando a Julie Andrews y a todos los von Trapp que la despedían desde el porche, sonrientes también, con una canción.
jueves, 24 de enero de 2008
To guapo
Jincho-high-school sigue tres cuartas de lo mismo: hay días tranquilos (los menos) en los que la parroquia parece estar entumecida, pero los días en los que mis chonis y mis santas vienen bien puestos de reaggeton y tuning, el caos se desata en el centro con la virulencia de un herpes. Anécdotas sigue habiéndolas a sienes - desde un par de criaturicas ostentando sus recién estrenadas erecciones ante a una profesora, hasta una mamá rabiosa que, en pijama, deportivas y, claro está, sin sostén, vino a recordarnos a todos los docentes lo hijoputas que éramos -, pero el objetivo de este post es compartir con quienes lleguéis aquí esta joya de vídeo de producciones toguapo, especializados en el mundo choni. Y es que este medley de retrato costumbrista y videoclip refleja con bastante fidelidad y mucha alegría el segmento social del que procede gran parte de los matriculados en el insti. El montaje, todo hay que decirlo, es cutre, cutre, pero hay que reconocerles a estos chicos de toguapo una gran perspicacia a la hora de captar claves socioculturales, mucha agudeza y mucha gracia para transmitirlas y aún más soltura lírica cuando se ponen a reinterpretar canciones: la lectura que hacen de "Gasolina" de Daddy yankee es para troncharse (lo mejor: la segunda mitad; atención a la rima lávate er papo...)
sábado, 1 de diciembre de 2007
1968
jueves, 29 de noviembre de 2007
Las partículas elementales
Lejos de ponerme a hablar de él (podéis encontrar información sobre este deslenguado pesimista por doquier) voy a transcribir dos fragmentos de su novela de 1998 Las partículas elementales , que reflejan dos visiones muy diferentes de los seres humanos: la primera, descarnada, del adolescente; la segunda, llena de ternura, de la anciana.

Es difícil imaginar algo más estúpido, agresivo, insoportable y rencoroso que un preadolescente, sobre todo cuando está con otros chicos de su edad. El preadolescente es un monstruo mezclado con un imbécil, de un conformismo casi increíble; parece la cristalización súbita y maléfica (e imprevisible, si pensamos ene el niño) de lo peor del hombre (...). ¿Y cómo aguanta la gente vivir bajo el mismo techo que un preadolescente? Mi tesis es que sólo lo consiguen porque su vida está completamente vacía; pero mi vida también está vacía y no lo he conseguido.
[Este no soy yo, cuidao, que (todavía) no he llegado tal punto de aversión hacia las criaturas. Son palabras dichas por Bruno, uno de los protagonistas de la novela; está hablando de su propio hijo]
__________________________
Esta mujer había tenido una infancia terrible, trabajando en una granja desde los siete años entre semibrutos alcohólicos. Su adolescencia fue demasiado breve para que pudiera acordarse. Tras la muerte de su marido trabajó en una fábrica para sacar adelante a sus cuatro hijos; en pleno invierno iba a buscar agua al patio para que toda la familia se lavara. Con más de sesenta años, recién jubilada, accedió a ocuparse otra vez de un niño, el hijo de su hijo. A él tampoco le faltó de nada, ni ropa, ni buenas comidas los domingos, ni amor. Ella le había dado todo eso. Un examen mínimamente exhaustivo de la humanidad debe tener en cuenta necesariamente este tipo de fenómenos. En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que sin embargo, no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres.
[Estas son divagaciones de Michel, co-protagonista del relato y hacen referencia a su abuela].
La traducción es de Encarna Castejón. Espero que no haya problema en que reproduzca estos fragmentos aquí: mi intención no es lucrativa (no veo cómo habría de serlo) sino divulgativa.
A los que no hayáis leído la novela, poneos a ello: seguro que os produce irritación y placer a partes iguales, pero, en cualquier caso, es un must.
Pequeño concurso: a ver quién adivina quién es el personaje de la foto que ilustra este texto, el nombre del actor que lo interpreta, la película (famosísima) y su director (más famoso aún).
